Desde el territorio Binnizá, mi trabajo pictórico explora la pintura como un espacio de permeabilidad entre lo interno y lo externo, activado por el gesto, la luz y la superposición.
Me interesa cómo ciertos fenómenos del paisaje atraviesan la experiencia, como el viento en la sierra o la confluencia del río con la laguna, afectando el cuerpo y la percepción.
Mi proceso se alimenta de la escritura, caminatas, y la escucha del entorno, como modos de atención que permiten reconocer vínculos entre paisaje y lenguaje.
El zapoteco, mi lengua materna, atraviesa esta práctica como un espacio de aprendizaje y relación. Nombrar desde esa lengua sitúa la experiencia en un espacio vivo donde el lenguaje participa en la construcción de lo que se percibe.
En la pintura, estas relaciones aparecen como estados de transición donde algo se transforma y permanece en movimiento.